Pablo comparte con nosotros su experiencia en el proyecto DUAL ROAD TO EUROPE

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En unos días comenzarán a volver a Andalucía los participantes del proyectoDUAL ROAD TO EUROPE, tras dos meses de estancia en el extranjero. Pablo, un joven estudiante del instituto Doña Leonor de Guzman, viajó a Irlanda gracias a este proyecto y nos ha mandado un resumen de su experiencia:

“Irlanda tiene la sencillez y la vida que nunca podría haber encontrado en una ciudad española.

Tras nuestra llegada a la ciudad de Cork, nuestros temores sobre el clima frío, lluvioso y triste de las islas británicas y el endiablado acento irlandés se confirmaron, pero también derribamos pronto algunos mitos sobre lo que nos habían contado: la mentalidad cívica de los irlandeses es fascinante, nada parecido a lo que acostumbrábamos en España, pudimos verlo en el estado en el que se encontraban sus parques y lugares públicos, la limpieza de las calles, el carácter educado y cívico de las personas que nos encontrábamos por la calle; los precios, aunque caros comparados con los españoles, eran bastante asequibles si sabías donde y como comprar y el famoso dicho de que hay un bar por cada irlandés… quizás ese si fuera cierto.

Pronto, y aun más cada vez que íbamos al centro de la ciudad, nos dimos cuenta de la diversidad y la multiculturalidad que hacía famosas a las capitales norteuropeas. Personas de todas las razas, etnias, ideologías y estilos convivían con discreción, nada parecido a lo que estábamos acostumbrados y algo de lo que nos había prevenido en los cursos de movilidad.

El día a día en el trabajo y en la casa, hizo que poco a poco la impresión del aterrizaje en el nuevo mundo pasara a un segundo plano, sustituido por las responsabilidades laborales y hogareñas, cuando nos quisimos dar cuenta, solo eramos extranjeros los fin de semanas que nos permitíamos el lujo de hacer turismo a lugares emblemáticos de la ciudad, el resto del tiempo eramos auténticos conkenses (o corkeños, a día de hoy ninguno lo tenemos muy claro) que habían logrado mimetizarse completamente con el metropolitano estilo de vida de la segunda ciudad más habitada de Irlanda.

La última semana llego sin aviso cuando todos estábamos acostumbrados a economizar nuestras compras (esto nos costó especialmente debido a la gran cantidad de tiendas en el centro y la gran variedad de bebidas que ofrecen los bares) a adaptar nuestra convivencia a otras personas y a sus responsabilidades y a descubrir que la nevera no se llena sola por las noches.

Volvemos con ganas de volver pero sin ganas de irnos, irlanda se queda con un trozo de mi y yo con un trozo de la isla esmeralda, solo queda volver a mi tierra y predicar el mensaje de civismo, de conciencia social y de normalización del bienhacer con el que te rodea que tanta falta nos hace aprender y que a ellos parece que nadie les ha tenido que enseñar.”

Gracias por compartir con nosotros tu experiencia Pablo. ¡Buen viaje de vuelta!

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